BLOG: La vieja de historia

Otra forma de entrar al mundo del ballet

Entrevista a Rocío Breide “Nada se logra en un día”

Rocío Breide. Foto de Amber Hunt

Rocío fue mi alumna en las clases de historia de la Escuela de Formación artística del Sodre, institución en la que se forman bailarines profesionales de Uruguay. Como alumna ella siempre fue una chica especial, con sensibilidades, miradas y reflexiones diferentes. Sus cursos fueron durante la pandemia, por lo que mediante zoom trabajamos durante dos años analizando obras, “desmenuzando” interpretaciones, cuestionando versiones. Fueron años de increíbles aprendizajes para nosotras y el divino grupo del que era parte. Pero a fines del 2021 Rocío voló. Recibió una beca para la escuela del English National Ballet de Londres y para allá marchó.

Hoy les comparto esta entrevista que vía mail le hice, para que puedan conocerla un poquito más. Espero que la disfruten.

 

- ¿Cómo son fueron tus primeros pasos en la danza?

- Comencé a bailar en mi casa, un pueblo de Patagonia Argentina, que se llama el Maiten, Queda pegado a la codillera de los Andes.

A los 12 años empecé a ir a clases de danza en una escuela que se llama Coreográfica elementos.

Mi papá en uno de los cuarto de mi casa, en la parte que no se habitaba, porque es una casa antigua de mis abuelos, me hizo una barra y la pusimos allí, luego me llevé un espejo que encontré, también teníamos muchos muebles antiguos de mis familiares para ambientar ese espacio que se convertía en “mi salón”.

A los 13 años fui a Buenos Aires y tomé clases con una profesora de ballet que se llama María Cecilia Días, en su ballet Estudio en Buenos Aires. Y desde allí me di cuenta que esto es lo que quería hacer toda mi vida, conocí realmente el ballet y me enamoré, me apasioné como hasta el día de hoy,

Cecilia fue una gran mentora. Ella habló con mi mamá y le dijo que yo tenía el 50% de la carrera hecha porque quería ser bailarina. También me enseñó que para bailar hay que comer bien y variado, que las cintas de las zapatillas de punta deben de ser del mismo color que la media, que la disciplina es fundamental y  a siempre ir con  honestidad, por el camino correcto sin importar cuánto tardes en llegar.

Después durante el año practicaba en el cuarto de mi casa...hasta que un día logreé convencer a mis papas que me permitieran mudarme a Buenos Aires, a casa de mi abuelo Alberto, quien me ayudó muchísimo en ese primer momento.

Ya en Buenos Aires hice las pruebas para el Instituto del  Teatro Colon (ISA) y para El Teatro San Martín, el taller de danza contemporánea. Afortunadamente entré en ambos institutos, pero tomé la decisión de ir al Teatro Colon.

Estuve allí por dos años como alumna becaria, en un programa que permiten a los chicos del interior que puedan ingresar al instituto aunque no hayan tenido las mismas condiciones que los alumnos que entraron desde pequeños en la capital de Argentina.

A fines de ese año viajé a Montevideo, Uruguay, y tomé clases con la compañía. Además envié un email antes de viajar para ir a visitar la Escuela Nacional de Ballet del Sodre, entonces decidí adicionar,  quedaban pocos días antes de que cerrara la inscripción por video, y recuerdo pedirle ayuda a María Riccetto para grabar el video porque las inscripciones cerraban, en tres días, y yo me regresaba a la Argentina, a la Patagonia.

Pues ese día María estaba con sus funciones de Clara en El Cascanueces y luego de que la función comenzara antes de terminar, me dijo que grabáramos  en su estudio, me ayudó con correcciones y grabamos, lo envié, ¡y en enero me llamaron para las pruebas de selección!

Y en marzo de…. Comenzó mi etapa uruguaya, que también fue difícil. La escuela tiene una gran carga horaria, entraba  a las 13 y salía a las 20hr 20:30, Lo mejor es que los alumnos pueden usar los estudios cuando están libres, y siempre hay una pequeña aula que estaba libre, casi todos los días  El director siempre nos incentivó a que practicáramos por nuestra cuenta, y yo lo hacía.

Los últimos dos años de la Escuela llegó la pandemia y la cuarentena, y empezamos a tener clases por zoom, y desde allí empecé a hacer cursos gratuitos con profesores de todo el mundo, y eso me despertó la curiosidad de poder irme afuera a bailar.

También tuve mucho apoyo de dos grandes maestros: Julio Minnetti y Miriam Kescherman, no solo con la dedicación en sus clases, sino que me hicieron sentir muy acompañada en toda la época de pandemia ya que no sólo estaba encerrada como todo el mundo, sino sin familia. Su estudio fue como una familia para mí.

- ¿Cómo surgió la posibilidad de entrar al ENB school?

- Después en el verano me dijeron que vaya al curso de verano, y fui todo el verano, a finales de febrero le pedí a Minetti de grabar una variación que ya había practicado mucho, la de Nikiya en La Bayadera  y la envié al English National Ballet School.

Y en Marzo recibí la carta de aceptación para la escuela, por un curso de 1 año ¡No lo podía creer!

- Una vez que fuiste aceptada: con qué dificultades te encontraste?

- La parte difícil fue cuando recibí los costes de la escuela, que llegaban a 7000 mil libras. Cuando leí esa parte me rendí. Pero muchas personas del ballet me dijeron que tratara de buscar ayuda. Entonces escribí un millón de cartas para buscar un sponsor,  las cuales muchas fueron redactadas por Flor, una bailarina del estudio que siempre me ayudó mucho con mi carrera, me guío y motivó siempre en todo sentido, siempre que me desanimaba.

También me ayudo Toti que es la dueña  de una reconocida tienda de ropa de ballet, The dance Shop en Uruguay, junto con mi profesora de historia de la Escuela Nacional Lucía. Ellas me ayudaron a organizarme y hacer  difusión. Me empujaron a hacer todos los papeles para el viaje. Y mi sueño de viajar llegó a concretarse cuando el gran Julio Bocca, tras consultar con Viviana Durante (estrella del ballet y actual directora artística de la Escuela) decidió ayudarme pagando por mi billete de avión y una empresa de tierras argentinas, Benneton me ayudo a pagar por los fees completos de la escuela. Luego sólo tuve que ponerle fecha a los pasajes de avión, y volar  (algo que no me gusta nada)

- Cunado llegaste ¿qué fue lo que más te impresionó?

- Cuando llegué a Londres me impresionó todo, mucho cambio cultural, las casas la estructura de la ciudad, la gente es una ciudad muy cosmopolita, por lo cual tienes habitantes de todas partes del mundo. Pero al principio no me gustó y quería regresarme. Era todo más frio y yo no hablaba ni una palabra de inglés.

- Si piensas en esos primeros meses en Londres, qué sentimientos se te vienen a la mente?

- Mis primeros meses en Londres fueron de adaptación, una profesora me explicó un día que todo lleva tiempo, que los primeros 5 meses siempre son de adaptación. Y el día que comencé las clases de ballet, me empecé a sentir mejor. El cambio y la forma de trabajo fueron muy diferente, pero logré acostumbrarme a ser más seria y profesional.

También me hice amigos en la residencia estudiantil, donde había muchas bailarinas de la escuela que vivían en la misma residencia. Para ser totalmente sincera al comienzo tenía mucho miedo e inseguridad pero luego todo se fue acomodando y me hice un grupo de amigos increíbles, que fueron importantísimos.  

Lo que no me ayudó mucho es que yo viajé a Londres con una lesión mal curada por eso fue un poco complicado. La escuela me ayudó a recuperarme y para poder curarme de forma correcta tuve que ir a los médicos de la escuela donde me inyectaron el tobillo, me hacían fisioterapia 3 veces por semanas, me enseñaron a fortalecer con pequeños ejercicios todas mis debilidades.

En ese momento perdí la oportunidad de que me vean directores de compañías, pero si fue un proceso largo de muchísimo aprendizaje, Esta fue mi primera lesión en la vida, como bailarina, hay que estar muy fuerte mentalmente para no decaer.

 - En esos momentos duros que todas las personas tienen cunado están lejos de casa: ¿qué sentís que te ayudó a mantener la fuerza, la decisión o la voluntad?

- Siento que lo que me ayudó en momentos duros de estar lejos fueron mi amigos. Tenía amigos en la escuela y en la residencia, y me hicieron de apoyo, creo que no podemos solo bailar y focalizarnos, es re importante al menos para mí hacer planes por fuera, abrirse a las personas y querer conocerse y querer tener amigos.

Eso fue y es siempre lo que me ancla a la tierra y me hace sentir que estoy viva, sin pensar más allá de lo que va a pasar en el futuro sobre el ballet, porque estamos todos en esa situación de luchar por nuestros objetivos y sabemos que las posibilidades son pocas y casi todos los bailarines viven lejos de sus familias desde los 14 o  15 años, entonces nos hacemos compañía, somos nuestra familia, el grupo de danza que ves todos los días, ya sea la escuela o compañía en la que estés.

Otro de mis anclas para sobrepasar momentos duros, es saber que no soy la primera bailarina que vivió esta situación, no me siento sola, me da fuerza saber que muchos pasaron por este aprendizaje. Para cumplir los nuestros planes, creo que hay que aceptar que hay q enfrentarse a la vida y perder el miedo y no esperar a que todo sea perfecto, sino lanzarse y vivir.

Hay una frase que pongo siempre en mi cuarto a los sitios donde voy y dice: “Nada se logra en un día, valora esto y jamás volverás a sentir ganas de renunciar a tus sueños y metas”. Cuando me frustro, esta frase me ayuda mucho.

Hace un tiempo tuve un pequeño período de tristeza  porque no me aceptaban en las compañías y todo era muchísima incertidumbre. Y una amiga me explicó que cuando te sientes mal y no logras ser eficiente en tu carrera, solo busca algo que te haga feliz como leer, estudiar idiomas, ver una película, hablar con amigos y pedir ayuda.

Me ayuda mucho mantenerme dentro del arte, amo la ópera, la música clásica, los conciertos, me devuelven la motivación y  alimenta el deseo de querer seguir siendo una artista. Me recuerda por qué comencé a bailar. 

- ¿Sentís que como futura bailarina, vivir en una ciudad como Londres te ofrece más posibilidades?

- Vivir la experiencia de estar en Londres, fue increíble, pero no solo a nivel cultural, todo, el idioma, la organización, los cambios de horarios en la comidas, son muy organizados, hay una estructura y eso me gusta.

El primer día que entré a ver un ballet en el Royal Opera House, lloré de la emoción. Mi mamá uruguaya Cecilia me había comprado la entrada antes de viajar. Era para el ballet Gisselle, pero una entrada de pie y en ese momento era noviembre y estaba con una bota ortopédica por el esquince. Entonces los acomodadores me pusieron en un palco al lado del escenario. No podía creer todo lo que estaba viendo: era Giselle, era Londres, era el Royal Opera House y eran Marianela Nuñez y Vadim Muntagirov. Todo lo que había visualizado y soñado estaba pasando y todo tan rápido.

También tuve la posibilidad de ver todos los ensayos generales del English National Ballet lo que me transformó la cabeza, la manera de pensar y de ver el ballet y al final del año mi forma de apreciar el arte y dirigirme hacia donde quiero ir, cambio mucho.

- ¿Qué grandes aprendizajes te llevas de tu pasaje por la ENB School?

- Que el tiempo es oro, a ser eficiente en todo sentido, clase ensayos, cuando hablamos. A ser profesional, un poco más frio en el ambiente de trabajo. Entré en el mundo de la coreografía, aprendí a poner mis ideas coreográficas en un plano real y hacerlas realidad.

Que trabajando de a poco se puede crear tu portafolio, con el cual consigues tu trabajo profesional, algo en lo que ellos te guían como buscar trabajo, a hacer tu curriculum, video, fotos.

Teníamos unos cursos todos los jueves que te explicaban diferentes habilidades para desarrollarte en el mundo laboral, porque tú eres tu propia empresa y una marca propia y única.

También nos enseñaban a trabajar de manera consiente, no fatigar al cuerpo, sino hacer la rutina que cada cuerpo necesita. Cada cuerpo tiene diferentes debilidades y en las cuales tiene que trabajar, para eso hay un millón de ejercicios diminutos, que te van fortaleciendo de apoco y reeducando el movimiento para prevenir lesiones, que son la causa de movimientos mal repetidos, con una musculatura débil.

 

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